A medida que los hijos fueron finalizando su periodo formativo, fueron independizándose y viviendo en otros lugares. Para Juani, por un lado, fue un motivo de satisfacción y orgullo y, por otro, la tristeza de verles marchar.

Gonzalo y Nana, siendo los menores, permanecieron más tiempo con los padres, aunque, finalmente, uno en Valladolid, cerca de ellos, y otra en Holanda, más lejos, buscaron el camino de su propia vida.